En el sur de Sudamérica —Argentina, Uruguay y Paraguay— lo conocemos desde siempre como carpincho. Este noble animal habita nuestras tierras desde tiempos ancestrales, mucho antes de que se lo popularizara con el nombre de capibara.
“Capibara” viene del tupí kapi'wara, que significa “señor de la hierba”. Esta forma se expandió más en Brasil y luego al mundo, en gran parte por la influencia del idioma inglés. Hoy en redes sociales es común ver memes y referencias a “capybaras zen”, pero pocos conocen su verdadera raíz.
El carpincho siempre habitó los humedales de la cuenca del Plata: el Chaco, el Paraná, el Paraguay. Para los guaraníes, este animal era parte del paisaje, de los mitos y de la vida cotidiana.
Con la llegada de los colonizadores españoles y portugueses, se expandió su distribución y empezaron a usarse distintos nombres. En portugués se volvió capivara, y así se mantuvo en Brasil.
Según una versión antigua que muchos tomamos como verdadera, Tupí era hermano de Guaraní. Ambos hablaban la misma lengua y compartían la misma raíz cultural.
En una separación simbólica, Tupí se alejó en enojo y recorrió el actual Brasil, fundando su propia línea cultural, aunque siempre en idioma guaraní. La historia oficial brasileña tiende a mostrar al tupí como otra tribu distinta, pero en verdad, eran ramas del mismo árbol.